Lee la historia de Leo sobre bloques, creatividad e imaginación, donde un juego cotidiano en casa se convierte en una gran aventura ilustrada.
Leo y la Torre de los Deseos empieza con una escena familiar: un montón de bloques en el suelo y un niño que ve muchas más posibilidades de las que parecen contener esas piezas. Leo no sigue un manual ni copia un modelo terminado. Decide dónde colocar cada bloque, cambia la forma cuando algo no le convence y sigue construyendo mientras su perrito permanece cerca. A medida que la torre crece, deja de ser solo una construcción de la habitación y empieza a convertirse en un lugar dentro de su imaginación.
La historia presenta la imaginación como algo que Leo hace activamente. Construye, se detiene, decide y vuelve a construir. Una abertura se convierte en la puerta de un castillo y una parte alta puede ser el sitio donde se guardan los deseos. La aventura aumenta a partir de sus propias elecciones, sin que aparezca un personaje mágico ajeno para dirigirla. El juego cotidiano y el mundo inventado siguen conectados.
Esa conexión da sentido a la personalización. Muchos padres recuerdan los nombres extraños que sus hijos ponen a sus construcciones, las reglas que inventan o cómo una tarde el suelo del salón se transforma en una ciudad entera. El perro de Leo, la disposición de los bloques, la altura de la torre y la pregunta sobre lo que puede existir arriba hacen que la fantasía siga teniendo raíces en casa.
El libro no necesita terminar con una moraleja sobre la creatividad. Lo que merece conservarse es la manera concreta de jugar de Leo: elegir, apilar, cambiar el plan, volver a intentarlo e invitar a su compañero a entrar en ese mundo. LoreHue puede convertir esos hábitos pequeños en un cuento ilustrado amplio y fantástico sin perder de vista al niño que lo imaginó.